El cultivo del olivo tiene su origen en
Oriente Medio hace más de 5.000
años, difundiéndose hacía
Occidente a lo largo de la cuenca Mediterránea.
El olivo (Olea Europea) es la única
especie con el fruto comestible de la
amplia familia de la familia “Oleaceae”.
Es un árbol del Area Mediterránea
de clima subtropical seco, muy adaptado
a condiciones ambientales extremas, pero
con un requerimiento de elevadas intensidades
de luz y suelos aireados. El olivo es
un árbol con alternancia para la
producción de frutos, por lo que
sí un año da mucho fruto
al siguiente dará poco.
España es el primer país
productor del mundo de aceite de oliva.
Con más de 250 millones de olivos,
la superficie cultivada representa una
cuarta parte de la superficie olivarera
mundial.
En España se contabilizan más
de 250 variedades de olivo, muchas de
ellas de carácter local, que dan
lugar tanto a aceites mono-varietales
como a mezclas que permiten, al igual
que en los grandes vinos, asociar las
cualidades y sabores complementarios de
distintas variedades.
La producción de aceite de oliva
en España se concentra principalmente
en Andalucía con el 80% de la producción
nacional, seguida de Castilla la Mancha
(7%), Extremadura (5%) y Cataluña
(3,5%), el restante 4,5% se reparte entre
el resto del territorio.
Una sorprendente diversidad de climas
y microclimas, una compleja orografía,
la gran variedad y riqueza de suelos configuran
una mezcla, que unida al gran número
de variedades de aceituna empleadas en
la elaboración de nuestros aceites
de oliva, permiten una amplia gama y diversidad
de aromas y sabores sin equiparación
en ningún otro país productor.
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