El nombre mostaza proviene del latín
mustum ardens, que significa mosto ardiente.
Conocida y utilizada desde tiempos remotos
ya estaba presente en la mesa de los antiguos
egipcios y griegos. Hoy, muchos platos no
serían iguales sin su presencia como
por ejemplo una buena hamburguesa sin el
toque particular que le brinda un poco de
mostaza no sería lo mismo. Las semillas
de las diversas variedades de mostaza se
mezclan con otras especias, con vino o con
vinagre, para preparar el condimento conocido
como mostaza. Las hojas frescas también
pueden utilizarse para aderezar ensaladas.
Aunque hay muchas clases y subtipos de mostaza,
todas procedes básicamente de tres
especies de la planta de mostaza, que por
sus características ofrecen alternativas
diferentes para condimentar un plato:
Mostaza blanca (Brassica
alba o Sinapsis
alba): a partir de la cual se elabora
una mostaza de color amarillo que es poco
picante.
Mostaza parda (Brassica juncea): con la
semilla de esta especie como base, se produce
una mostaza de color marronoso de sabor
picante.
Mostaza negra (Brassica
nigra): de semillas color pardo rojizo
se elabora una mostaza que se caracteriza
por ser muy picante.